Cómo entender el auge de popularidad de ciertos deportes: una guía estratégica

Seamos honestos desde el principio: la mayoría de los análisis sobre el auge de popularidad de ciertos deportes son demasiado simples, demasiado parciales o demasiado convenientes para quien los publica. Las marcas deportivas tienen interés en que creamos que su deporte es el que más crece. Los medios necesitan titulares llamativos que no siempre resisten el escrutinio. Los organismos federativos presentan sus propios datos de manera que favorecen sus narrativas institucionales. Esta guía intenta hacer algo diferente: ofrecer un marco analítico para entender el crecimiento deportivo de manera más rigurosa, sin perder de vista las limitaciones reales de los datos disponibles.

El primer paso: distinguir entre tipos de popularidad

Antes de analizar si un deporte ha crecido en popularidad, hay que definir qué tipo de popularidad nos importa. Existen al menos cuatro dimensiones distintas que rara vez se presentan juntas.

La primera es la popularidad de práctica activa: cuánta gente lo practica regularmente. La segunda es la popularidad de audiencia: cuánta gente lo sigue como espectáculo sin practicarlo. La tercera es la popularidad mediática: cuánto espacio ocupa en medios de comunicación. La cuarta es la popularidad cultural: cuánto influye en el lenguaje, la moda y los valores de la sociedad. Un deporte puede ser número uno en una de estas dimensiones y mediocre en las otras tres. El cricket es el mejor ejemplo: audiencia masiva en Asia, casi sin presencia cultural o mediática en Europa occidental.

Cualquier análisis que no especifique qué tipo de popularidad está midiendo es un análisis incompleto. Cuando alguien dice que el pádel es el deporte más popular, ¿está hablando de práctica, de audiencia, de medios, de cultura? Porque la respuesta cambia drásticamente según la dimensión que se tome como referencia.

El segundo paso: calibrar la calidad de los datos

Una vez definido qué tipo de popularidad se quiere medir, el siguiente problema es la calidad de los datos disponibles. Y aquí la situación es, siendo realistas, bastante insatisfactoria. No existe una fuente global estandarizada que mida la participación activa en distintos deportes con metodologías comparables. Lo que hay es un mosaico de encuestas nacionales, registros federativos, estudios de mercado y estimaciones que usan definiciones diferentes y tienen márgenes de error que rara vez se publican junto a las cifras.

Un practicante de running según la encuesta española de hábitos deportivos puede ser alguien que ha corrido al menos una vez en los últimos doce meses. Según otra encuesta, puede requerir al menos treinta minutos semanales de práctica habitual. La diferencia entre ambas definiciones produce estimaciones de practicantes que pueden variar en un factor de tres o cuatro. Comparar datos de distintos países o distintos deportes sin conocer la metodología detrás de cada cifra es una práctica analítica que produce resultados engañosos.

El tercer paso: entender los factores de crecimiento real

Más allá de los datos, hay una pregunta más profunda: ¿qué hace que un deporte crezca? La investigación sobre el tema, aunque escasa y fragmentaria, apunta consistentemente hacia los mismos factores. El primero y más potente es la accesibilidad: los deportes que requieren poco equipo, ninguna instalación especializada y poca coordinación logística crecen más y más rápido que los que no tienen esas características. El running y el ciclismo urbano son los ejemplos paradigmáticos.

El segundo factor es la comunidad. Los deportes que generan vínculos sociales fuertes entre sus practicantes tienen tasas de retención mucho más altas que los deportes de práctica solitaria sin estructura comunitaria. El pádel tiene este factor en abundancia: se juega con otros, obliga al contacto social y genera grupos de amigos alrededor de la práctica. El running ha desarrollado este factor a través de plataformas digitales que compensan la soledad física de la práctica con una dimensión social virtual muy activa.

El tercer factor es la adaptabilidad al estilo de vida contemporáneo. Los deportes que pueden practicarse de manera flexible, en cualquier horario y sin compromisos de grupo rígidos, se adaptan mejor a la vida de las personas en ciudades del siglo XXI. Los deportes de equipo con temporadas largas y calendarios fijos tienen desventaja estructural frente a actividades que pueden integrarse en una agenda caótica sin grandes complicaciones.

El cuarto paso: reconocer los factores que distorsionan el análisis

Hay al menos tres factores que sistemáticamente distorsionan nuestra percepción del crecimiento deportivo. El primero es el sesgo mediático: los deportes que son más fotogénicos, que tienen más dinero de marketing detrás o que están más representados en los medios que frecuentamos reciben atención desproporcionada. Eso crea la impresión de que son más populares de lo que son o de que crecen más rápido de lo que crecen.

El segundo distorsionador es el efecto de la pandemia de COVID-19. El período 2020-2022 produjo un crecimiento artificial en todos los deportes al aire libre por razones circunstanciales que no dicen nada sobre el atractivo intrínseco de esos deportes. Los análisis que toman ese período como referencia sin contextualizarlo produce conclusiones que envejecen muy mal.

El tercero es la confusión entre crecimiento en mercados específicos y crecimiento global. El pádel ha crecido mucho en España, Argentina, México y otros mercados hispanohablantes. Eso no lo convierte en el deporte de más rápido crecimiento global. El pickleball ha crecido explosivamente en Estados Unidos. Eso no lo convierte en una tendencia mundial. Los mercados locales tienen dinámicas propias que no se generalizan automáticamente al resto del mundo.

Una estrategia para seguir el crecimiento deportivo sin perderse

Si quieres seguir el crecimiento del deporte de manera informada, hay algunas prácticas concretas que ayudan. Busca siempre la metodología detrás de las cifras: ¿cómo se define “practicante activo”? ¿Qué tamaño tiene la muestra? ¿Quién financia el estudio? Desconfía de las cifras que vienen sin esa información.

Mira series de tiempo largas, no instantáneas. Un dato de un año es anecdótico. Una serie de diez años empieza a ser significativa. Una de veinte o treinta es la que produce conclusiones robustas sobre tendencias estructurales. El running lleva treinta años creciendo. Eso es una tendencia. El auge de ciertos deportes en 2021 puede ser un pico puntual.

Segmenta por región, por demografía y por tipo de práctica. Las generalizaciones globales raramente sobreviven a ese escrutinio. Los datos regionales y demográficos son casi siempre más útiles y más accionables que los promedios mundiales. Y por encima de todo, mantén la humildad analítica: los datos sobre práctica deportiva son imperfectos, las tendencias son difíciles de predecir y cualquier afirmación categórica sobre qué deporte domina el futuro debería tomarse con escepticismo. El deporte sorprende constantemente a quienes creen haberlo entendido del todo. Lo que sí permanece estable es que los deportes que crecen por razones estructurales, accesibilidad, comunidad, adaptabilidad a los estilos de vida reales, tienden a sobrevivir mucho mejor a los ciclos mediáticos que los que crecen por impulso coyuntural. Esa es la única generalización que parece mantenerse válida a través de los distintos contextos geográficos y temporales analizados.